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El
“Porro Pelayero” es un fenómeno que trasciende lo estrictamente musical y por
tanto, no es un asunto exclusivo de músicos. Es una realidad antropológica y
sociológica que irrumpe a partir de la creación en San Pelayo, de más de 25
obras musicales en aires de Porro y Fandango, en las primeras décadas del siglo
XX. Está demostrado hasta la saciedad, que Alejandro Ramírez Ayazo, Pablo Garcés
Pérez y los músicos de las bandas “Ribana y Bajera” de San Pelayo, son los
compositores de estas obras. Esto en vez de incomodar, debe servir para
organizar un verdadero reconocimiento a los creadores citados. Los más
importantes músicos posteriores y que hoy son el orgullo de Córdoba en la música
de banda, se formaron en San Pelayo como Miguel Emiro Naranjo, director de la
Banda 19 de Marzo de Laguneta, Joaquín Pablo Argel, Director de la Banda “11 de
Noviembre de Rabolargo”; Cristóbal Genes Hernández, director de la Banda Nueva
Esperanza de Manguelito y muchos más, ratificando que fue San Pelayo el
epicentro del movimiento musical que dio origen a un hecho cultural que
consolidó la identidad de los sinuanos. Sin el “Porro Pelayero”, se careciera
del sentido de pertenencia que caracteriza al sinuano de hoy. Pero claro, fue
con la participación de “las Corralejas”, las fiestas patronales, los fandangos
y otros festejos populares propios de una sociedad campesina, pueblerina, en la
que está sepultada la placenta del sinuano. Cuando en Ciénaga de Oro alguien
dijo encontrar las partituras originales de “María Varilla”, no es por la
veracidad de tal presunto hallazgo; es que se sabe que esta obra es un tesoro y
se han intentado fórmulas para arrancarla de San Pelayo y trasladarla a Corozal,
San
Marcos y otros pueblos del Caribe, menos mal; que la “Mona Carolina” tiene otro
nombre y nació en San Marcos; que Sábado de Gloria se llama... pero las
averiguaciones y las pruebas recolectadas tanto por vía documental como
tradición oral, nos dicen que todo sucedió en San Pelayo y por tanto, es
legitimo llamarlas “Clásicas Pelayeras”, nada tiene que ver esto con que en San
Pelayo, hoy, solo existan dos, tres o ninguna banda. En Grecia no se continuó la
escritura de otras obras clásicas para reemplazar la “Iliada” y “la Odisea”,
¿Quien sucedió a Homero en la mitología griega?, claro que hubo filósofos,
poetas, dramaturgos, historiadores. Esto sucedió en una etapa excepcional de la
historia griega y nadie critica a la Grecia de hoy.
Es
atrevido comparar la cultura griega clásica con la cultura Sinú. Esto es posible
cuando se declara la independencia del pensamiento del dominio eurocentrista y
esto permite ser orgulloso del pueblo en donde se nace, somos Caribes, de la
tierra en donde se ve nacer y morir el sol y allí está ubicado San Pelayo, que
pudo ser Ciénaga de Oro, San Marcos, Sincelejo, Corozal, pero es San Pelayo, la
tierra de la dinastía de los “Paternina, Guerra, Angulo, Galván, Garcés,
Ramírez, Luna, Herrera” y otros tantos, autores del “Porro Pelayero”. Este es un
referente de la cultura sinuana, tallado en el tiempo y definido por nosotros y
los otros. Ningún investigador inventó la diferencia que existe entre sinuanos,
cachacos, paisas y sabaneros. Los sinuanos no se perciben sabaneros, pero mucho
menos, paisas. El cartagenero y el barranquillero reconocen en el acto al otro,
cuando hablan con un sincelejano o un monteriano. El “Porro Pelayero” recoge
esta diferencia que como un imán es reconocida y aplaudida como mismidad por
nosotros. El Sinú es distinto, el Porro Pelayero no es el porro en general; eso
lo saben Alcides Suárez, Eduardo Angulo, tanto como lo supieron Lucho Bermúdez,
Pacho Galán y los Piña.
El
pueblo del Caribe lo ha llamado así, sencillamente para difundirlo e
identificarlo, no para excluir, en algunas ocasiones lo ha llamado “Sinuano”,
“Cordobés”, “Palitiao”, pero es el mismo “Porro Pelayero”, nacido en las primera
décadas del siglo XX y creado por los autores citados. La sinuanidad que nos
viene de la era precolombina irrumpe en él, que es la música de la juventud en
los años 20 y 30. María Varilla, una mujer que enamoró a un pueblo, lo
popularizó. Las corralejas fueron su escenario principal, animando a manteros,
garrocheros, banderilleros y al infinito guapirreo de mil voces que extienden
sus alas sobre el redondel. Los fandangos se convirtieron en monumento a la
danza en la que fue Rey, vestido a la usanza del campesino, con sombrero
vueltiao y de la campesina con falda larga y espermas alumbrando la noche en
pueblos oscuros y olvidados.....Si
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Publicación: Mayo 30 de 2008 |